Todo por su alteza [Segunda parte]

Todo por su alteza [Segunda parte]

Posted by

— ¡Astrid sal ahora mismo! ¡Sé que estás ahí, abre la puerta! ¡O pagas lo que debes o llamaré al alguacil! —vociferó el señor Becker desde el otro lado de la puerta.

Tragó saliva con fuerza y se armó de valor para abrir la puerta. Se descolgó la bolsa y la dejó a un lado. La tapó con el abrigo y girando la llave en la cerradura abrió la puerta. El señor Becker la miró de arriba abajo. Tenía la cara enrojecida y el vaho salía de su boca con la misma fuerza que sus palabras.

— ¿Vas a pagarme ya, o he de tomar parte con la justicia? —preguntó el hombre. El señor Becker rondaba la cincuentena. Tenía el pelo largo y rizado a la vez que cano. Una barba espesa poblaba la mayor parte de su cara. No era ni mucho menos más alto que Astrid, pero tenía una barriga panzuda que le colgaba por debajo de la cintura. —Es la última vez que voy a repetírtelo —sentenció el señor Becker.

—Por favor, entre, va a quedarse helado. Le ruego que me disculpe —dijo únicamente la muchacha a la vez que el hombre pasaba dentro. Ambos se sentaron frente a la mesa. —Sé que hace mucho tiempo que no…

—¡Hace cuatro meses que no veo un kreuzer! ¿Qué has estado haciendo para no poder pagarme?

—Lo siento de verdad, señor Becker. He buscado trabajo, pero ni siquiera en el campo lo he hallado. Tiene que saber que…

— ¡Ya sé lo suficiente! No voy a esperar más, ¡voy a denunciarte! —espetó el hombre levantándose de la mesa y avanzando hacia la puerta.

Astrid se levantó en el acto y arrodillándose al suelo se agarró con fuerza al abrigo del señor Becker.

—Se lo ruego, por favor. ¡Le pagaré, se lo prometo!

—No puedo creerte muchacha, han pasado cuatro meses y no tienes nada con qué pagarme. ¡La ley es la ley y debes ser llevada ante la justicia! Aunque tal vez… bueno, puede que tal vez sí…

El señor Becker la miró sonriente y Astrid se esperó lo peor. ¿Querría él mancillarla? Un profundo peso se colocó en su estómago, haciendo que contrajese su torso. Estaba a punto de llorar.

—Me pagarás de otra forma. Acompáñame, te lo explicaré por el camino. Y deja de arrastrarte muchacha. Coge abrigo, hace fuera un frío de mil demonios.

Astrid recuperó la calma al ver que no quería utilizarla, se levantó y tomó su abrigo. Se lo puso y ambos salieron a calle. Era cierto que hacía un frío de mil demonios. Caminaron rápidamente atravesando la ciudad hasta que llegaron a una zona más apartada. Un pequeño camino casi desdibujado se atisbaba cerca del río.

—Bien muchacha, escucha con atención. Nada de lo que voy a contarte ahora debe ser sabido. No quiero preguntas, simplemente escucha. Esta noche vendrás aquí cuando el reloj toque las once en punto. No te retrases. No vengas con nadie, pues al sitio al que vamos es de alto secreto. Voy a encomendarte una tarea muy importante. Si la cumples como es debido te perdonaré todas tus deudas, ¿lo has entendido?

Astrid asintió y tragó saliva. ¿Qué querría el señor Becker que ella hiciese? Una expresión de inseguridad se dibujó en su rostro. El hombre se percató y aclaró:

—No voy a borrar tu honra. Es un trabajo de verdad. A las once en punto. Hasta entonces —dijo marchándose.

Astrid corrió hasta su casa y tomó su bolsa. Era su oportunidad de escapar. Pero, ¿a dónde iría? Nadie la esperaba en ningún sitio. Sus hermanos se habían marchado poco después de que ella abandonase Constanza. Tal vez debería aceptar el trato del señor Becker. Lo misterioso de esa tarea le aterraba, pero al mismo tiempo quería convertirse en una persona decente y pagar sus deudas. Respiró hondo y analizó la situación. Está bien, cumpliría con el trabajo del señor Becker, y después se marcharía. Así quedaría libre de sus deudas y sería una mujer libre. Esperó durante horas y aprovechó para limpiar su casa. Cuando la noche se cernía sobre Laufenburg, Astrid se coló en el huerto de su vecino y cogió un par de zanahorias. No estaba bien, pero no tenía nada de comer, además, él no lo notaría. Las coció en el cazo donde por la mañana había hervido el agua para el pan y las comió con gusto.

Salió de casa veinte minutos antes de las once y camino con rapidez hasta el lugar indicado. Todo estaba en silencio. La noche en Laufenburg era misteriosa y sombría. La niebla ya se había disipado, pero el frío continuaba. Diez minutos más tarde entre la espesura de los árboles se vislumbró un farolillo. El señor Becker se acercó a ella y le pidió que le acompañase. Caminaron en silencio durante varios minutos. El camino estaba embarrado y debían esquivar los charcos en la oscuridad. Astrid seguía a su casero con curiosidad, ¿a dónde irían? De repente el señor Becker se detuvo. Levantó el farolillo y escudriñó los árboles. —“Es aquí”—dijo en voz baja. A continuación se agachó y empezó a apartar hojas secas del suelo. Tomó una arandela metálica y con fuerza subió una especie de puerta. El farolillo iluminó una escalinata estrecha que descendía por debajo del suelo.

—Bien, llegado este momento le ruego que no tenga miedo. Vamos a bajar abajo. Sígame en todo momento y no haga ruido. Astrid obedeció y siguió hasta abajo al señor Becker.

The following two tabs change content below.

Rodrigo Abad

Latest posts by Rodrigo Abad (see all)

Deja un comentario

Twitter Auto Publish Powered By : XYZScripts.com
Member of The Internet Defense League
A %d blogueros les gusta esto: