Apuntes de Economía 2: Catalizadores de los procesos especulativos.

Apuntes de Economía 2: Catalizadores de los procesos especulativos.

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No deja de ser cierta la aseveración de la foto que acompaña este artículo. Al término de un proceso especulativo que deriva en euforia de los mercados y en procesos de especulación salvaje y con una duración más o menos extensa en el tiempo en función de la virulencia de esta irracionalidad que se apodera de los mercados financieros, tiene lugar un crash y el subsiguiente pánico, nada será igual en los mercados financieros. Sin embargo, tal y como relataremos a continuación, podemos aplicar la máxima gatopardiana según la cual hagamos que todo cambie para que todo permanezca como está. Y esto se cumple a rajatabla para la economía financiera, puesto que durante la historia financiera de los últimos trescientos años se han producido procesos especulativos de una manera más o menos continua, sin tener en cuenta los errores del pasado. Veamos porqué sucede invariablemente y porqué va a continuar ocurriendo en el futuro, desdichadamente.

En todos los procesos de creación de una burbuja financiera domina la creencia de que hay algo nuevo, innovador en el mundo que merece la pena ser adquirido puesto que su valor se piensa que se incrementará en el futuro y se obtendrán de esa manera exorbitantes ganancias, por ejemplo la llegada de los tulipanes a Holanda a finales del siglo XVI (lo veremos en próximos artículos). En todos estos procesos especulativos hay un cierto orgullo en descubrir qué hay de aparentemente nuevo y altamente remunerador en el ámbito del instrumento financiero o de la oportunidad de inversión. Además, el descubrimiento halaga el ego del partícipe como se espera que halague también su cartera. Y durante un tiempo así ocurre.

Sin embargo, en las finanzas hay una regla que se cumple siempre y es que las operaciones financieras no se prestan a la innovación. Lo que parece nuevo es, sin embargo, una pequeña variante de un esquema ya establecido con anterioridad y debe su carácter distintivo a la cortedad de memoria en materia financiera. Esta desmemoria provoca que los desastres se olviden rápidamente y cuando vuelven a darse las mismas circunstancias u otras muy parecidas, a veces con pocos años de diferencia, aquéllas son saludadas por una nueva generación, plena de juventud y con una enorme confianza en sí mismo como un descubrimiento innovador en el mundo financiero. Debe haber pocos ámbitos de la actividad humana e los que la historia cuente tan poco como en el mundo de las finanzas, además de que aclama la invención de la rueda una y otra vez. Y finalmente toda innovación implica la creación de una deuda garantizada en mayor o menor medida por unos bienes tangibles, lo que genera mayor flujo monetario y tensiones alcistas en los precios junto con un elevado grado de apalancamiento.

Citando a Hyman Minsky, una característica básica para que se pueda hablar de proceso especulativo que derive en una burbuja es el advenimiento de la irracionalidad en el comportamiento de los inversores, instituciones financieras y la sociedad en general. Para ello, algún suceso, como puede ser un nuevo descubrimiento, actúa como catalizador o impulsor de un súbito crecimiento de la confianza y el optimismo hace mella. Este suceso, Kindleberger lo denomina “desplazamiento”. Situados en este punto, las confiadas expectativas derivadas de un régimen de prosperidad y copiosos beneficios hacen que la cartera de inversión de los agentes financieros vayan incorporando mayores dosis de riesgo. Las instituciones financieras aceptan las estructuras de pasivo que hacen disminuir la liquidez, lo cual habrían rechazado en un clima de mayor sensatez. Estamos viendo como en estos primeros momentos después del desplazamiento se comienzan a discernir cierta irracionalidad en el comportamiento de los que actúan en los mercados financieros.

Definamos el concepto de “desplazamiento”. Podemos explicarlo como algún tipo de acontecimiento externo que cambia el horizonte, las expectativas y las oportunidades de beneficio y tiene que ser además de un tamaño significativo para que altere de una manera extraordinaria la economía de un país.

¿Qué ejemplos podemos tener de “desplazamiento”?

Un primer ejemplo claro y contundente es la guerra. Algunas crisis financieras ocurren inmediatamente antes o después de una guerra, o lo bastante pronto después del fin de la misma como para permitir crear falsas expectativas. Estadísticamente, entre siete y diez años después de una guerra, con un margen lo suficientemente amplio para que las expectativas creadas al término de la guerra se falsifiquen, aparece una serie impresionante de crisis. De hecho:

Fin de la guerra: 1713,1763,1783,1816,1857,1864,1873 y 1920

Serie de crisis financieras: 1720,1772,1825,1873 en USA y obviamente 1929

The front page of the Brooklyn Daily Eagle newspaper with the headline 'Wall St. In Panic As Stocks Crash', published on the day of the initial Wall Street Crash of 'Black Thursday', 24th October 1929. (Photo by FPG/Hulton Archive/Getty Images)

The front page of the Brooklyn Daily Eagle newspaper with the headline ‘Wall St. In Panic As Stocks Crash’, published on the day of the initial Wall Street Crash of ‘Black Thursday’, 24th October 1929. (Photo by FPG/Hulton Archive/Getty Images)

Otro ejemplo de “desplazamiento” sería cambio político de gran alcance.  En este sentido cabe mencionar la Revolución Francesa o el motín de Sepay en la India en mayo de 1857, seguido por una revuelta militar hindú, contribuyeron a la depresión de los mercados financieros londinenses, tal y como explica Hans Rosenberg (Die Weltwirtschaftskrise von 1857-59 de 1934)

En este proceso especulativo observamos dos etapas o fases. Una primera, que tiene un carácter de cierta sensatez en las inversiones, donde las familias, compañías y los inversores responden al “desplazamiento” de forma limitada y racional. En este primer momento, el objetivo se centra en obtener un interés elevado pero una vez conseguido pasa a ser algo secundario y aparece la necesidad de obtener exorbitantes ganancias vendiendo el principal. Esta sería la segunda etapa, la realmente perniciosa. Como ejemplo citaremos el boom inmobiliario de comienzos del siglo XXI en España, que dio lugar a la burbuja inmobiliaria y al posterior crack que todos conocemos y peor aún hemos sufrido y sufrimos las consecuencias en término de depresión económica. O si nos vamos mucho más atrás en el tiempo, en la década de 1870 estas dos fases se observan en el caso de las parcelas edificables en Viena, que inicialmente se adquirían para la construcción y más tarde como objetos especulativos para una reventa provechosa, según Max Wirth e su Geschichte der Handelkrigen de 1890.

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Por otra parte, los procesos especulativos adquieren velocidad gracias a la expansión monetaria y del crédito. Y esto lo podemos considerar como un factor sistemático y endógeno de toda crisis financiera. El hecho es que el dinero se ha expandido continuamente y esto ha ocurrido a pesar de los esfuerzos de las autoridades bancarias para controlar y limitar la oferta monetaria que fructificaron en el monopolio de la emisión de billetes por los bancos centrales, eliminando el derecho a acuñar moneda que tenían los bancos privados, las cajas rurales, etc..

Y finalmente encontramos como detonante de los procesos de especulación la engañosa asociación de dinero e inteligencia. En la economía capitalista subyace una acusada tendencia a creer que cuanto mas dinero, bienes o ingresos tiene un individuo, más profunda es su percepción de los asuntos económicos y sociales y más agudos y penetrantes sus procesos mentales. El dinero es la medida de toda realización capitalista. Luego a más dinero mayor inteligencia que lo sustenta. Desgraciadamente esto último no se cumple (véanse las absurdas declaraciones de Juan Roig al respecto de lo laboriosos y trabajadores que son los chinos y su éxito económico sustentado en cobrar poco y echarle horas). Finalmente, tendemos a asociar una inteligencia fuera de lo corriente con al dirección de las grandes instituciones financieras.

En la práctica, los individuos que se hallan al frente de los bancos están allí porque su talento luchador es el más predecible y en consecuencia el menos temible burocráticamente. Y son investidos de la autoridad del cargo y estimula el aplauso y la aquiescencia de sus subordinados lo que excluye la opinión adversa o la crítica.Y están protegidos de lo que podría significar un compromiso serio que les condujera al error .Desgraciadamente sólo tras el colapso especulador surge la verdad.

Tras el colapso sigue un tiempo de angustia y recriminación y también de autoexamen tan profundo como escasamente perspicaz. Habrá una ira desmedida contra los individuos que con anterioridad fueron más admirados por su imaginación y agudeza en asuntos financieros. Y algunos de ellos, habiendo sido convencidos de que estaban por encima de la ortodoxia, tan limitadora, habrán transgredido la ley y su caída y posible encarcelamiento se contemplarán ahora con justa satisfacción. Y tampoco faltará un detenido examen de los instrumentos y prácticas financieros que con anterioridad tanto se estimaban y se facilitaban y sostuvieron la especulación.

Se hablará de reglamentos y reformas, pero lo que no se discutirá es la especulación en sí misma ni el aberrante optimismo que subyace a ella. Esto es así porque muchas personas e instituciones financieras se han visto envueltos en el asunto y en tanto resulte aceptable atribuirlo a error, credulidad y exceso de una persona o incluso de una empresa en concreto, se dispensa de achacarlo a la comunidad financiera en su conjunto.Además, en la sociedad capitalista, el mercado es un reflejo neutro y preciso de las influencias externas. Existe una necesidad de encontrar alguna causa del hundimiento, pero alejada, o sea externa al mercado financiero en sí. En nuestra cultura mercantilista, los mercados son un tótem y no se les puede atribuir tendencia o fallo aberrante.

 

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