¡Oh blanca Navidad, cuántos dramas nos das!

¡Oh blanca Navidad, cuántos dramas nos das!

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Por Rodrigo Abad

La Navidad, esa época dorada y roja donde todo tiene que ver con la familia, la nieve —pero qué nieve, si en España no nieva casi nunca—, los regalos y sobre todo las grandes comilonas.

¿A quién no le gusta la Navidad? El sosiego de unas cortas vacaciones, donde nadie se siente culpable yendo a veinte cenas con los amigos, comiendo diez tabletas de turrón de Suchard o bebiéndose hasta el agua de las macetas en Nochevieja. La Navidad ha sido desde siempre una excusa para beber más que los peces en el río y levantarse al día siguiente, 1 de enero, e ir a casa de la abuela a tomar un buen cocido para reponerse. Pero no sólo se aprecian esas cosas. La Navidad tiene muchos puntos más.

Por ejemplo, el amigo invisible. ¿A quién no le han regalado unos guantes cutres, mientras que la otra persona se había preocupado de decir: “Bueno, ponemos un presupuesto de 10€ y ya lo vamos viendo” y al final acababa comprándole un buen libro y una caja de bombones? Bien, pues lo bueno es quedarse con un buen regalo, comprando en el último minuto una maquinita para hacer sudokus. ¿Cómo se hace un sudoku de esos? En definitiva, cuando te regalan algo, es un detalle y debes poner buena cara, pero más me hubiese servido que me hubieses comprado un vale para una pizzería que la maldita maquinita de los numeritos.

Pero lo mejor no son los regalos, sino los propósitos de Año Nuevo. ¿Quién no ha dicho más de una vez “Este año dejo de fumar” o “Vamos a empezar la operación bikini”? Pero no sólo existen esas personas, hay otras que dicen: “Bueno, este año voy a estar sol@, pero voy a centrarme en mi vida y va a ser un año genial”. Sabemos perfectamente que los propósitos de Año Nuevo no duran eternamente, bueno, qué digo eternamente, algunos solo unos días o incluso unas horas. Lo importante es hacerlos y así por lo menos te sientes bien contigo mismo mientras los piensas.

En último lugar, quedan los estudiantes universitarios, aquellos pobres infelices que vuelven como el turrón a casa por Navidad, comen el mejor puchero desde que se fueron en septiembre y no tienen que preocuparse tanto por cómo sobrevivir con un paquete de pan de molde y unas lonchas de pavo en el frigorífico. Sin embargo, sí tienen que preocuparse por empezar a estudiar sus exámenes antes del 7 de enero, porque luego vienen los dramas y los “¿Por qué no me puse a estudiar antes?” Y llega el día del examen. Se levantan dos horas antes para llegar a tiempo, se sientan y esperan que el karma les acompañe y en el examen caigan los temas que se han estudiado. ¡Eso sí que es la auténtica lotería! Si tienen suerte, al menos entrarán dos temas que se miraron la noche de antes y les suenan por encima. Suficiente para aprobar.

En definitiva, la Navidad es una época llena de excusas y melodramas, pero también hay cosas que te hacen desear que esas casi tres semanas no se acaben nunca. Montar el árbol navideño, estar con la familia o recibir un nuevo año con la ilusión del anterior. Así que estas navidades, no pienses que todo va a ser un desastre, porque con un poquito de premeditación serán unas fiestas fantásticas.

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