Continúan las irregularidades en el Hospital de Lliria

Continúan las irregularidades en el Hospital de Lliria

La polémica en torno al Hospital de Llíria continúa y los sanitarios se alarman ante la nueva situación.

Desde hace una semana, dieron inicio las auditorías e inspecciones para comprobar que el hospital está en regla y cumple con los requisitos mínimos y el material necesario para llevar a cabo su finalidad. No obstante, este control reglamentario de seguridad y calidad se está viendo manipulado y no es del todo transparente.

Las auditorías e inspecciones de control de calidad deben ser aleatorias y sobre todo, sin previo aviso, con tal de garantizar que efectivamente todo está en orden. Pero en el Hospital de Llíria se sabe qué servicio va a ser inspeccionado y cuándo va a serlo, de tal manera que lo acondicionan para que pase el “examen”.

Previamente a la llegada de los “examinadores”, se traslada material de unas zonas a otras, de tal manera que un mismo carro de paradas (fundamental en caso de un fallo cardíaco) ha pasado hasta 4 inspecciones diferentes. Lo mismo ocurre con el material más básico, el cual, escasea escandalosamente: no hay almohadillas de tinta para sellar recetas, tampoco hay talonarios para hacerlas, ni grapadoras y un largo etcétera de material de oficina básico.

Pero más grave es la escasez de material médico: éste es suministrado por una empresa externa de manera aleatoria, sin cubrir las necesidades reales , por lo que enfermeras y médicos tienen que pedir elementos básicos como jeringuillas o betadine a otros servicios del hospital, o “secuestrarlos” de los que aún siguen sin estar operativos.

Mucho material empleado en la inauguración ha sido devuelto a los hospitales de origen, que lo prestaron para dar imagen durante la apertura, pero que realmente, no han sido – ni serán- usados en el hospital.

Tampoco se permite abrir las ventanas y airear las consultas y salas para no “incrementar el gasto del aire acondicionado”. Para colmo el personal tampoco está correctamente acomodado, pues no tienen ni servicio propio en algunas áreas, ni sala de descanso y mucho menos un acuerdo con la cafetería para evitar sus encarecidos precios.
Los familiares de los ingresados incluso se traen comida casera porque los precios son excesivos para la calidad que ofrecen.

También hay servicios que no están instalados, ni previstos, pese a ser necesarios (oncología, control de marcapasos, maternidad, pediatría…), por lo que realmente no va a cubrir las necesidades reales del área poblacional correspondiente, ni las expectativas de los ciudadanos, que tendrán que seguir desplazándose al  Arnau de Vilanova o la Fe para recibir dicha atención médica.

Así pues, se trata de una serie de catastróficas desdichas en las que se está vendiendo a la población un hospital de gran calidad, mientras que la realidad es que se está comprometiendo la salud y atención al usuario, siendo todo un montaje electoral y un engaño para los habitantes asignados a dicha área de salud.

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