El peligro “suicida” de los antidepresivos

El peligro “suicida” de los antidepresivos

La polémica se ha vuelto a desatar tras que en varios medios de comunicación  se hablara del fraude destapado sobre los antidepresivos del grupo ISRS (Inhibidores Selectivos de la Recaptación de Serotonina) – más en concreto, el dilema comenzó en torno a la paroxetina- y su relación con el riesgo de suicidio en niños y adolescentes.

Como en todo, los resultados de un suceso vienen condicionados por numerosos factores, y como es habitual, las noticias no reflejan todos los elementos en torno al tema en concreto. En este artículo no se pretende desmentir o verificar ninguna aseveración ( pues eso es asunto de las autoridades sanitarias en el control de la calidad de los fármacos), sino dar a conocer los diferentes factores y elementos que debemos tener en cuenta a la hora de elaborar nuestra propia opinión o buscar información entorno al mundo de los medicamentos y los efectos secundarios, así como dar a conocer ciertos aspectos de la medicina que quizá no son tan conocidos por todos.

Para empezar, hay tres factores  básicos que debemos saber en lo que se refiere a la sociedad y su relación con los fármacos:

  1. Vivimos en una sociedad polimedicada: Actualmente, la accesibilidad de los fármacos y los avances en medicina hace que las personas, sobre todo los más mayores, tomen muchos fármacos para diferentes patologías (la pastilla del colesterol, la del azúcar…), e incluso que nos automediquemos sin miedo alguno a los posibles efectos adversos de ese medicamento, o a sus posibles interacciones con los que ya se toman. Tampoco son raros los casos en que los pacientes están sobretratados, y toman quizá más dosis que la que necesitan, esto no quiere decir que no sea necesario tomarlos: los casos deben individualizarse.
  2. Prácticamente todos los fármacos tienen efectos secundarios: Ningún fármaco se libra de tener alguna RAM (reacción adversa medicamentosa), por conocido que sea, aunque se venda sin receta. Y que un medicamento no nos siente mal una vez no significa que en otra ocasión no pueda hacerlo. Es importante medicarse sólo cuando es necesario y con las dosis adecuadas.
    Si volvemos al tema que nos acontece, debemos saber que la depresión se trata con medicamentos ( mayormente, pero no únicamente, con antidepresivos), pero que también los medicamentos que tomamos para otras enfermedades pueden tener como efecto secundario la propia depresión. A veces es difícil saber que fue primero, si el huevo o la gallina.
  3. No todos los efectos adversos les ocurren a todas las personas: Cuando leemos el prospecto de un medicamento nos alarmamos al ver la cantidad de RAM que tienen. Esto es así porque tienen que ser registradas por ley todas las reacciones que haya podido dar, se debe avisar, pero para nada significa que nos vayan a ocurrir a todos y tampoco hay que poner el grito en el cielo con ellas. Se indican por frecuencia y gravedad, y, además, aquellos medicamentos con reacciones adversas intolerables por ser peligrosas para la vida se retiran del mercado (o deberían). Por otro lado, dependiendo de la enfermedad se toleran más efectos adveros: por ejemplo, para el tratamiento de un resfriado no se acepta un efecto secundario de vómitos y caída del pelo (el riesgo/ beneficio no es favorable), pero si hablamos de un fármaco para el cáncer, este efecto secundario es menor que el beneficio de dar el tratamiento.
  4. Hay falta de inversión nacional en el desarrollo de fármacos, por lo que su producción depende casi exclusivamente de las farmacéuticas. Las farmacéuticas no trabajan como institución benéfica, sino como negocio, buscando capital e incrementar sus ingresos, en estos casos desarrollando medicamentos que curen o mejoren enfermedades y síntomas (que no tanto pacientes) para que sean los más recetados y comprados. A esto añadir que crear un nuevo fármaco es muy costoso en todos los aspectos y la ausencia de éxito en el producto implica la quiebra de la empresa. Quizá una mayor inversión por parte de cada país a generar sus nuevos fármacos reduciría estos intereses creados en torno a las medicinas.
    No obstante, los genéricos parecen ser la alternativa a estos costosos fármacos. Se trata de la copia del fármaco de marca por principio activo y su venta a un precio más asequible tras el vencimiento de la patente. Generalmente son bastante similares y la eficacia es prácticamente la misma, siempre individualizando casos.

Por otro lado, entrando más en el tema de los antidepresivos, debemos saber:

  • La depresión es realmente una enfermedad:  Muchas veces se oyen frases como “la depresión es una enfermedad que se han inventado los médicos”. No, esto no es así, se trata de una patología con un amplio espectro de afectación, de más leve a muy grave, y cuya causa puede ser tanto por agentes externos (circunstancias personales) o interna (sin motivo aparente, parece ser por desregulación de neurotransmisores en el cerebro) y ha existido desde siempre. Actualmente los diagnósticos se han incrementado (por mayor reconocimiento en parte de la enfermedad) y quizá la tendencia es  a sobretratarla en los casos más leves:  no todas las depresiones necesitan medicación (45% pueden remitir con otros tipos de ayudas o incluso espontáneamente). No obstante, el médico siempre ha de evaluar al paciente e incluso preguntar por ideas de suicidio o autolesivas (se ha comprobado que preguntar sobre el suicidio no incrementa las tentativas), además de valorar la necesidad de medicación. Los pacientes moderados y graves se beneficiarán bastante de la medicación antidepresiva, la cual se ha de ajustar a las características individuales de cada uno y complementar con un buen trabajo psicológico (en el que actualmente la seguridad social no invierte mucho).
  • Los antidepresivos funcionan, pero no en toda depresión son necesarios. Más del 75% de los pacientes con depresión remiten con la toma de antidepresivos, y también reducen las recaídas en los casos más graves. Hay varios tipos de antidepresivos, pero actualmente los que menos efectos adversos tienen son los ISRS, que han ido desplazando el uso de otros grupos (los famosos tricíclicos- que fueron los primeros- , los IMAO y otros) a los casos más graves. No obstante, también tienen sus reacciones adversas medicamentosas (RAM) como la agitación, sedación, malestar gástrico, disfunción sexual…y entrando en materia algunos estudios han encontrado cierto incremento en el número de ideas y acciones suicidas en los pacientes tratados con antidepresivos.
  • Hay que tener en cuenta la gravedad del tipo de paciente que consume el antidepreivo: Matizando el punto anterior, es lógico pensar que los pacientes moderados/ graves son los que más se medican. Las depresiones más graves cursan con una desgana y apatía tan exagerada que el paciente muchas veces no tiene ni fuerzas para intentar quitarse la vida. Los antidepresivos actúan de manera muy paulatina y los efectos se empiezan a notar a las 3-4 semanas, siendo progresivos, por lo que los dos primeros meses son cruciales para el paciente con ideas suicidas, porque puede recuperar las energías y el valor para llevar a cabo su propósito sin haber notado aún una mejoría de su humor. Esto implica que el médico de familia o psiquiatra que lleve a la persona con depresión haga una buena valoración del paciente y de sus ideas suicidas y avise a la familia para que esté atenta ante posibles tentativas.
  • Los antidepresivos no siempre se utilizan para la depresión: Estos fármacos actúan a nivel cerebral , intentando regular su funcionamiento, de tal manera que tienen muchas más aplicaciones: TOC, ansiedad, migraña, TDAH, intestino irritable, fibromialgia…Por tanto, sus efectos adversos en los más jóvenes que los necesiten deben ser más estudiados y detallados, para buscar la máxima seguridad, este es uno de los grandes motivos por los que ha saltado la alarma en torno a la paroxetina y las ideas suicidas en niños y adolescentes.

Con este análisis sólo queda dar unas puntadas al mundo de los estudios clínicos que en numerosas revistas científicas muestran como prueba feaciente de que añlgo es así:

  • Cuando se realiza un estudio clínico hay que ver si los resultados pueden ser aplicables a la población general, es decir, un estudio positivo en 100 personas no siempre significa que el resto de millones de personas en el mundo respondamos así.
  • Los estudios sufren sesgo, es decir, que hay elementos que provocan que sus resultados no sean del todo fiables. Por ejemplo, hacer un estudio para comprobar que los hombres tienen más colesterol que las mujeres y usar en el estudio 10 hombres por cada mujer, obviamente, al haber más pacientes de sexo masculino, habrá más casos de colesterol elevado.

No obstante, todos estos factores sí que los tienen en cuenta instituciones como la FDA, que se encarga de velar por la seguridad de los medicamentos y que, sí es cierto, ha dado un aviso sobre la paroxetina y el suicidio en niños y adolescentes, que debe ser tenida en cuenta para ofrecer los mejores tratamientos a los más jóvenes. No obstante, aún no se ha conseguido reunir suficiente evidencia científica para retirarlos del mercado.

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