El triste frío del adiós

El triste frío del adiós

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El dolor de su pérdida era tan fuerte que no soportaba ver reír. No le permitía a nadie ni el más mínimo símbolo de simpatía. Su casa era su bastión, ahí podía llorar sin ser vista, podía enloquecer sin ser juzgada y podía hablar con su recuerdo. Aquel que poco a poco se iba desvaneciendo de su memoria y que trataba de mantener con el recuerdo que escondían las fotografías.

A sus 65 años ya había disfrutado de la vida pero ahora esta le fue arrebatada en el momento en el que él murió. Su mitad le dejó una fría noche de febrero, cuando la nieve cubre las calles y no se sienten ni los huesos.

El calor de su familia no le servía de mucho, se sentía sola, abandonada,  como quien es echado de la vida de alguien sin motivo alguno. Quería irse con él, quería permanecer eternamente a su lado, pero le era imposible. Nunca le perdonaría el irse así de rápido, sin decir un adiós o un te quiero, sin cantarle aquella canción que dice When all I need is you…

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Eugenia Bravo

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