La leyenda del medio hombre

La leyenda del medio hombre

¿Quién no se ha imaginado de niño, y de no tan niño, surcar los mares a bordo de una fragata conquistando el mundo, vivir en el mar y visitar lugares inhóspitos, comandar un ejército, o ser un pirata y encomendarte a donde te lleven las aguas? Pues bien, eso pensó un niño que soñaba con la mar, Blas de Lezo y Olavarrieta.

Nacido en el año el 3 de febrero de 1689 en Pasajes de San Pedro (Guipúzcoa) fue el tercero de ocho hermanos algunos ni siquiera sobrevivieron a la infancia. Los padres pertenecían a la nobleza local, una familia acomodada, eso le permitió al pequeño Blas educarse en el colegio de Francia, una institución local para niños de la baja nobleza.

En el año 1702, con la guerra de sucesión ya iniciada, al morir el rey Carlos II sin descendencia, se había nombrado a Felipe de Anjou, un conde francés con la línea sucesoria borbónica para ser coronado rey, por otra parte, el archiduque Carlos de Austria reclamó el trono, apoyado por los ingleses. En ese instante la armada francesa y la española se unificaron y se formó la guardiamarina al servicio del conde de Toulouse.

Momento que aprovechó Blas de Lezo con tan solo doce años para alistarse en la escuadra francesa. Una flota francesa salió de Tolón y en Málaga se unió a las galeras españolas, el objetivo era recuperar Gibraltar, que había sido tomada por las fuerzas anglo-holandesas y así desbloquear el acceso al Mediterráneo.

El conflicto entre ambas fuerzas tuvo lugar en Vélez (Málaga) allí tuvo lugar la batalla naval más importante de la guerra, 51 navíos de guerra los de las tropas franco-españolas armadas con 3577 cañones, frente a los 53 navíos con más de 3600 cañones de la flota anglo-holandesa.

La batalla concluyó con 1500 bajas franco-españolas, frente a las 2700 del bando anglo-holandés. La notable tenacidad de Blezo en combate fue determinante en el resultado, con tan solo catorce años se metió de lleno en plena batalla sin miedo alguno, lo que hizo que una bala de cañón que impactó contra su barco le destrozara la pierna izquierda, teniendo que amputársela sin anestesia, tanto por su tenacidad y falta de miedo, como por el hecho de perder la pierna, fue ascendido a alférez de bajel de alto bordo y Felipe V le otorgó una serie de privilegios equivalentes a gente de la baja aristocracia.

Se le ofreció un puesto como asistente en la cámara de la corte de Felipe V, Lezo rehusó y en 1705 cuando ya estaba recuperado de la pierna, se echó de nuevo al mar a bordo de diferentes buques, llegando a socorrer con éxito las plazas de Peñíscola y Palermo, así como el apresamiento de dos buques enemigos en el Mediterráneo, que fueron conducidos a Pasajes y a Bayona.

Le fue otorgado el mando de las presas, un premio que se otorgaba a los oficiales que habían sido distinguidos en servicio. En 1706 fue de nuevo requerido esta vez para abastecer a los sitiadores de Barcelona, no solo facilitó el aprovisionamiento al ejército del mariscal de Tessé, sino que en la persecución de la flota inglesa a Lezo, se le ocurrió echar al mar paja húmeda y ardiendo lo que creó una densa nube de humo de la que les sirvió el ocultamiento a la flota española, luego cargó los cañones con casquetes de armazón delgada, con material incendiario y al dispararlos prendieron fuego los buques ingleses que finalmente acabaron desistiendo en ir tras ellos.

Luego de que todos conocieran su ingenio y su valía se le destacó a la fortaleza de Santa Catalina de Tolón, participando en la defensa francesa del príncipe Eugenio de Saboya. Un cañonazo impactó al lado de Lezo y desprendió una esquirla que acabó por reventarle el ojo izquierdo.

En 1707, ya recuperado del ojo fue destinado al puerto de Rochefort y fue ascendido a teniente de guardacostas y tres años más tarde a capitán de fragata.

Luego de múltiples combates navales y más ascensos Blas de Lezo fue puesto al mando del Campanella que participó en el asedio a Barcelona tomada por los austriacistas, bloqueó los abastecimientos y bombardeó la ciudad, en uno de los enfrentamientos fue disparado y herido en el antebrazo derecho lo que hizo que perdiera su movilidad hasta el final de sus días, aunque si podía mover la mano, así con veintiséis años de edad y siendo cojo, tuerto y manco, se ganó el apodo del medio hombre.

En 1715 libró a Mallorca de nuevo de los austriacistas, que se rindieron nada más ver en Alcudia una flota con veinticinco mil soldados, terminada ya la guerra de sucesión partió a América, allí defendió a los barcos mercantes que viajaban con miedo a que los secuestraran o atacaran las naves corsarias, limpió las aguas de naves corsarias y de piratas en el caribe.

Trabajo en la Habana y luego para el virrey de Perú, allí conoció a Josefa Pacheco de Bustos y Solís, una limeña veinte años más joven que él y con la que contrajo siete hijos, se libró de piratas, y de las tropas holandesas y luego, de las tropas inglesas de nuevo.

En 1731 después de llevar un año viviendo en Cádiz, se le nombró jefe de la escuadra del Mediterráneo.

El 4 de abril de 1741, (después de múltiples hazañas entre las cuales, se destaca la recuperación de un barco con un botín de dos millones de pesos) se ve arrinconado por la flota inglesa al mando del despiadado Vernon, poco a poco iba flanqueando la defensa española, Blas de Lezo resiste como puede, e infunde coraje a sus hombres para que resistan, finalmente los ingleses empiezan a caer de manera inesperada y deciden presas del pánico, retirarse inmediatamente otorgando una victoria a los españoles, una victoria agridulce.

Puesto que durante el bombardeo del castillo de San Luis de Bocachica, una bala de cañón impactó en la mesa del Galicia, tripulada por los mandos españoles, la mesa se hace añicos y múltiples astillas se desprenden y hieren a Lezo en el muslo y en la mano.

Unos meses después se niega a salir de su residencia en Cartagena de Indias, debido a las infecciones que le causaron esas heridas, es a las ocho de la mañana del día 7 de septiembre como a consecuencia de unas fiebres horribles muere.

Hoy en día, hay muchas novelas históricas que mencionan su obsesiva tentativa al mar y la armada, así como a su patria, un hombre férreo a sus principios, a la protección de sus semejantes y a lo gran militar que fue pese a sus limitaciones físicas y en sus horas bajas, también mentales.

Una vez más, la historia nos enseña de nuestros héroes y villanos, y de cómo pequeños hombres o en este caso, con limitaciones, supusieron un cambio en nuestra historia y la de Europa llegando a ser lo que somos hoy día.

 

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Aarón Tena Cortés

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