La Paella de los domingos: el precio de hacerse mayor

La Paella de los domingos: el precio de hacerse mayor

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Hay una especie diferente que convive entre nosotros sin llamar la atención. Tienen como misión procurar la elaboración de la paella del domingo para su prole, normalmente, en soledad, hasta que se acercan las dos y empieza, como si de una rueda de prensa se tratara, a recibir la pregunta de los futuros comensales: ¿Cuánto le queda? O ¿No la dejas un poco más?  Me considero uno de ellos. De los que hacen la paella. Bueno y, a veces, de los otros, también.

La cuestión es que, ese tiempo en el que una se encarga de esta tarea, le vienen a la mente,  como si de los titulares de un telediario se tratara, aquello que ha sido noticia en su vida durante la semana. Y es que, en los últimos días,  he tenido que visitar mi óptica de confianza. Es una de esas visitas que vas posponiendo. No llega al nivel del dentista pero…se le acerca. Allí estaba Manolo diciendo con una mirada de sorpresa: pues sí que le ha costado venir. Y tenía razón, como en todo lo que piensan y/o dicen estos profesionales. Pasamos al cuartito de las gafas “raras”.  Esas a las que les van poniendo cristales y evaluando, en dioptrías, lo que luego valorarán en euros…y bastantes.

¿Han oído hablar de la “Selección Natural”? Pues a mí me tiene manía desde los dos días de mi llegada a este mundo. Y, desde entonces, en ello estamos. Cuando no es una cosa, es otra, pero no en plan “te vas a morir”, no. Es más bien: “lo largo que se te va a hacer hasta que te mueras”. Y, como en esta ocasión, lo caro.

Pues, volviendo a mi visita a la óptica, ahí estaba Manolo, evaluando la situación, tratando de restarle importancia pero, finalmente, sentenciando: es que nos hacemos mayores. Quiero dejar claro que lo de hacerme mayor, con lo que me está costando, no me importa en absoluto. Lo que digo es que tendría que estar tarificado como casi todo hoy en día. Me explico: poder hacerse mayor desde en plan “low cost” al “todo incluído” pero pudiendo elegir una y no la “Selección Natural” porque, al final, la que paga las gafas soy yo. Y, si pretendo seguir con esto de escribir y, algunas cosas más, no me queda más remedio. Lo cierto es que si hay una “batalla” que voy a ganar. La de las letras que se burlaban de mí desde los reglones confundiéndose entre ellas en plan: ahora me ves, ahora no me ves. Chicas eso se acabará en cuanto recoja mis gafas nuevas.

Mientras estaba absorta en mis pensamientos llegó el primer “periodista” a mi rueda de prensa paellera de los domingos devolviéndome al momento presente. En fin, pagaremos las gafas y veremos la vida con otras lentes aunque, a veces, para lo que hay que ver

 

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