La tulipomanía o cómo la avaricia provoca el caos financiero

La tulipomanía o cómo la avaricia provoca el caos financiero

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Los orígenes de las Bolsas como las conocemos hoy día están en las ciudades flamencas de Amberes y Brujas, justo al comenzar el siglo XVII, donde surge realmente el primer mercado mobiliario para negociar sobre las participaciones (partijen) de las recien creadas Compañías de las Indias. Parece ser que fue en Brujas, allá por el siglo XV donde empieza a usarse el término bolsa porque los comerciantes se reunían e la casa de uno de ellos llamado Van der Boursen en cuyo escudo, haciendo gala de su apellido había tres bolsas.  Así, el término fue extendiéndose por las lonjas y las casas de contratación de toda clase y se fue generalizando a todos los centros de contratación.

La base y el origen de las Bolsas se encuentra en la creación de las sociedades mercantiles e acciones y en particular a las Compañía Holandesa de las Indias Orientales y Occidentales (1602) y la posterior Compañía de las Indias (1621) y la negociación de sus acciones en un mercado organizado. En este contexto nace la primera Bolsa moderna en Amsterdam a comienzos del siglo XVII.

Bolsa de Amsterdam

Fue en Holanda donde tuvo lugar la tulipomanía durante las primeras décadas del siglo XVII. E esos años, Los Países Bajos vivían un período de bonanza económica, debido en gran medida al éxito de la Compañía Holandesa de las Indias citada anteriormente, así como al próspero comercio. En este contexto ocurre un proceso de euforia especulativa cuyo objeto es el bulbo de tulipán, junto con el gusto por las flores exóticas que se convirtieron en símbolos de riqueza y objeto de colección.

Citando a Charles Mackay en su extraordinario “Delirios multitudinarios: la manía de los tulipanes y otros mercados enloquecidos“(1841) el origen de los tulipanes es turco, puesto que esta planta no es holandesa. Fue introducida allí en 1559 y fueron adquiridas por un tal Hewart quien era coleccionista de flores exóticas. En aquella época los tulipanes eran muy raros y hermosos, lo cual incrementaba su singularidad y con ello su valor. A su vez, y por razones que en aquel entonces se desconocían, los tulipanes cultivados en Holanda sufrían variaciones e su apariencia, naciendo así los tulipanes multicolores, irrepetibles, incrementando su exotismo y por tanto su precio. Hoy sabemos que la causa de este fenómeno era un parásito de la flor, el pulgón que transmite un virus a la planta. El suelo arenoso holandés, ganado al mar, resultó ser el idóneo para el cultivo de la planta y el tulipán se extendió por todo el territorio. Se dice que en 1593, un destacado botánico austríaco, Carolus Clusius dejó su trabajo en los Jardines Imperiales de Viena para tomar u cargo de profesor de botánica en Leyden, hasta donde llevó una colección de bulbos de tulipán que crearon gran interés y entusiasmo. Comenzó a cultivar tulipanes de variedades exóticas, aunque, celoso de su colección, las mantenía guardadas. Sin embargo, una noche alguien penetró en su jardín y robó sus bulbos.Los jardineros holandeses apreciaban los tulipanes por su belleza y muchos pintores preferían pintar estas plantas antes que u cuadro.. A pesar de que se intentó controlar el proceso por el cual los tulipanes monocromos se convertían en multicolores, los jardineros no fueron capaces de hacerlo, de manera que lo aleatorio del exotismo contribuyó a elevar el precio de cada bulbo.

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Durante la década de 1620 el precio de estas plantas comenzó a crecer de manera extraordinaria, incluso se llegaron a registrar ventas absurdas, por ejemplo, e 1623 u bulbo podía llegar a valer 1000 florines, cuando el sueldo medio anual de una persona se encontraba en 150 florines. La euforia siguió durante la década de 1630, donde los precios seguían creciendo de forma limitada y de esta manera todos los individuos invertían lo que tenían, los beneficios así obtenidos llegaron a bordear el 500% y con esto se iba propagando la ilusión de que siempre se ganaba e el mercado de los tulipanes.

Hacia 1636 se declaró una epidemia de peste bubónica en toda Europa, de gran mortandad, lo que impulsó aún más la tendencia alcista del mercado, debido a la escasez de mano de obra que, junto con el incremento cada vez más pronunciado del precio de los tulipanes y además la cada vez más sofisticada economía holandesa y al desarrollo de los mercados financieros, llevó a la creación del mercado de futuros para los bulbos de tulipán no recolectado aún. A este fenómeno se le denominó WINDHANDEL (naked shorts) o ventas al descubierto. Se popularizó sobre todo en las tabernas de las pequeñas ciudades, donde no había lonjas de contratación, a pesar de que un edicto estatal de 1610 había prohibido el negocio por las dificultades de ejecución contractual que generaba.  En esas tabernas poderosos y humildes traficaban con tulipanes y cerraban sus transacciones con suntuosas fiestas.

Los compradores se endeudaban y adquirían hipotecas con el fin de obtener los bulbos, luego se efectuaba una auténtica especulación financiera mediante notas de crédito, lo cual hizo que los tulipanes se desarrollaran en la bolsa de valores y que todas las clases sociales, desde burgueses hasta campesinos se vieran implicados, incluso muchos de ellos se deshacían de sus bienes básicos por la ilusión de la ganancia en la inversión en tulipanes. Personas de toda condición hipotecaban sus propiedades e invertían el producto e flores. Se ofrecían a la venta casas y campos a precios ruinosamente bajos, o bien se entregaban como pago en las transacciones efectuadas en el mercado de los tulipanes.

La euforia también se propagó al resto del mundo civilizado, haciendo de esta forma que los capitales extranjeros fluyeran hacia los Países Bajos, expandiendo cada vez más la burbuja. Los extranjeros sucumbieron al mismo frenesí y el dinero se vertía en Holanda desde todas partes. Los precios de los artículos de primera necesidad se incrementaron gradualmente y con ellos se incrementó su valor casas y campos, caballos y carruajes así como toda clase de manufacturas de lujo. Las operaciones mercantiles se tornaron tan amplias e intrincadas que fue preciso promulgar un código legal para que sirviera de guía a los comerciantes. Eran tan altos los precios de los tulipanes que por ejemplo en 1636 se extendió el rumo que sólo había dos raíces de bulbos traídos de Constantinopla que tenía un comerciante de Amsterdam y otro de Harlem por los que se llegaron a ofrecer 12 acres de tierra para su explotación, varios caballos y 4500 florines. La demanda de tulipanes fue tan intensa que se establecieron coros e las Bolsas de Amsterdam, Rotterdam, Harlem,Leyden,Alkmar, Hoorn y otras ciudades holandesas. Y e ese mismo 1636 se negociaban en la Bolsa de Londres y se trataba de introducir en la Bolsa de París.

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De acuerdo con las reglas inmutables que gobiernan estos episodios, cada repunte de los precios convencía a un mayor número de especuladores a participar. Esto justificaba las esperanzas de quienes ya participaban. Se tomaba prestado dinero para comprar los pequeños bulbos dando lugar a un elevado grado de apalancamiento en estas inversiones. Por lo que la expansión de los precios de estas plantas provocaron no sólo, como hemos visto, un incremento en todos los precios, dando lugar a una grave inflación en la economía holandesa, sino lo que era más grave, a una expansión de la deuda hasta un tamaño exorbitante que en algún momento tendría que explotar.

El final llegó en 1937. En enero el mercado de tulipanes empezó a mostrar las primeras grietas. El precio de los bulbos llegó a multiplicarse por 20 veces su valor y e el mes de febrero, concretamente el día 5 se empezó a vislumbrar el mecanismo del crash y el mercado comenzó a revelar signos de agotamiento haciendo que algunos grandes inversores salieran del mercado vendiendo todos sus tulipanes, un lote de 99 plantas de gran rareza se vendió por 90000 florines provocando una inmediata bajada de precios y con ello el pánico se apoderó del mercado, saliendo a la venta grandes cantidades de tulipanes si que se encontrara comprador. Al día siguiente se puso a la venta un lote de medio kilo por 1250 florines sin encontrar comprador. Y la burbuja estalló.

Aquellos que habían hecho adquisiciones, e muchos casos hipotecando sus propiedades para obtener crédito (apalancamiento) se encontraron súbitamente desposeidos o en bancarrota directamente. Afectó a todas las clases sociales y se transmitió por todo el mundo desarrollado. La economía holandesa quedó seriamente afectada a tal punto que el gobierno intervino declarando no válidos los contratos anteriores a noviembre de 1636 y los posteriores quedaron reducidos al 10% de su valor nominal. A pesar de las medidas tomadas por el gobierno la economía holandesa quedó sumida en la inflación y la depresión durante largo tiempo.

Concluido el episodio se sucedieron, en grado extremo, la amargura, las recriminaciones y la búsqueda de chivos expiatorios y también se evitó mencionar como verdadera causa el delirio colectivo. Los que se habían comprometido a comprar a unos precios tan enormemente abultados quebraron en masa. Vendedores iracundos forzaban el cumplimiento de sus contratos de venta, pero los tribunales, identificando la operación como un juego de especulación se abstuvieron de respaldarles. Y al igual que en el caso de ls bancos y cajas de ahorro en quiebra en tiempos recientes, apareció entonces el Estado como último recurso.

Pero desgraciadamente, el único remedio hubiera sido restaurar el precio de los bulbos al nivel previo al hundimiento y esto era manifiestamente impracticable, de modo que se abandonó con sus pérdidas a los que poco antes eran ricos. La mala fortuna, si embargo, no se abatió solamente sobre ellos. El colapso en los precios de los tulipanes y el consiguiente empobrecimiento tuvieron como efecto congelar la vida económica en los años que siguieron.

Aunque no todo se perdió. Para los viajeros del siglo XXI este proceso especulativo nos ha dejado una agradable sensación de armonía y paz al observar los campos de tulipanes.

 

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