Las controversias de la donación de sangre y los homosexuales

Las controversias de la donación de sangre y los homosexuales

Ayer-  miércoles 29 de abril – el Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha dictaminado como justificable  la ley francesa en la que se prohíbe a los homosexuales donar sangre.

Por ley, en Francia (y en otros países de Europa y del mundo, como EEUU), desde que estalló la epidemia de VIH en la década de los 80 se les ha prohíbido a los homosexuales donar sangre por la alta prevalencia de esta enfermedad en tal colectivo. No obstante, la pregunta es: ¿Es realmente esta prohibición útil para mantener un nivel adecuado de seguridad en las donaciones? ¿Hay más probabilidades de muestras contaminadas con VIH y otras enfermedades contagiosas si se permite a los homosexuales donar sangre?

Por un lado, sí es cierto que el VIH es más prevalente entre el colectivo homosexual que en el heterosexual, y que la mayor tasa de incidencia se encuentra entre éstos. Pero la infección por VIH no es exclusiva de relaciones homosexuales , y hay muchos heterosexuales también contagiados. Y desde luego, ambos son capaces de contagiar la enfermedad por igual.

Por otro lado, las muestras de sangre una vez recogidas son analizadas para descartar la presencia de enfermedades contagiosas como el VIH, la hepatitis, etc, con tal de garantizar la seguridad del receptor, provenga de quien provenga la muestra. Se trata de un proceso rutinario y que debe llevarse a cabo en cada país para asegurar una buena calidad de la sangre donada. No obstante, existe un periodo de tiempo (“periodo ventana”, 2 a 8 semanas desde la última práctica sexual de riesgo en el caso del VIH) en la que un virus entra en el organismo y aún no es detectable por los métodos actuales, pudiendo dar un falso negativo que sí sería capaz de transmitir la enfermedad al receptor.

Sin embargo, en países donde no existe dicha prohibición, las tasas de infección de VIH y otras enfermedades infecciosas de transmisión sanguínea (hepatitis B y C, entre otras) es prácticamente nula (<0’5 %). Y de este bajo porcentaje aún hay que sustraer la orientación sexual de los donantes, de entre los que sin duda habrá tanto homosexuales como heterosexuales.

Así pues, podemos decir que con los procedimientos actuales la seguridad de las donaciones es bastante óptima y que la sexualidad del donante no es tan relevante como para garantizar que con la prohibición a los homosexuales de donar sangre se vayan a eliminar las escasas infecciones accidentales durante las donaciones. O, lo que es lo mismo, la seguridad del receptor no se ve apenas comprometida.

En esta situación, no debemos tampoco olvidar que se atenta contra el derecho humano  de la libre sexualidad, puesto que se está haciendo una discriminación hacia un colectivo que año tras año ha luchado por ser aceptado. Sin más contar que preguntar por orientación sexual vulnera el derecho a la intimidad y privacidad, lo cual sería legítimo hacerlo si se demostrará mediante estudios y estadísticas más concluyentes que realmente se atenta a la seguridad del receptor.

Con tal de llegar a una resolución intermedia, se postula el preguntar al donante por prácticas de riesgo previas, lo cual podría ser una medida útil, pero tampoco del todo fiable, pues por vergüenza y motivos varios muchos podrían mentir, por lo que tampoco se garantizaría nada.

Como conclusión, todo este asunto pone en tela de juicio la seguridad de los receptores con el derecho humano a la libre sexualidad y a la protección de la intimidad. Además existe la duda de si es más una homofobia gubernamental  (y en parte, estadística), o realmente un miedo infundado, aunque la realidad parece demostrar que es más un temor que una verdad.

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