Lecciones de vida

Lecciones de vida

Buenos días para empezar, llevo un tiempo alejado de las teclas, no por falta de ganas, si no, más bien por el trago amargo que escapa de mi control.

Me refiero al tiempo, la falta de tiempo para escribir o leer me provoca una terrible sensación de desazón, pues es mi escondrijo más efectivo para escapar de una sociedad oscura y podrida por la demagogia barata y cínica. Hoy es uno de esos días, en los que el pesimismo pesa más que ayer y menos que mañana, pero como decía el señor Bertrand Russel

“Un pesimista es un imbécil antipático y en cambio un optimista es un imbécil simpático”. Pero en fin, tengo un café en la mesa y de fondo resuena una canción, “Bad Medicine” del genial Bon Jovi, así que todo está dispuesto para acariciar las teclas de nuevo en un clima dinámico.

Les quiero traer una reflexión, hace años un hombre sabio me dijo: Un hombre listo es una persona ávida, espabilada… Un hombre inteligente es el que posee la herramienta de la inteligencia en su cabeza, lo que hace que le sea fácil aprender conceptos, incluso desentrañar cosas complejas con más facilidad que otros y un hombre sabio es aquel que entiende y diferencia estas tres verdades. Yo no soy un sabio, sin duda, pero quizá ya voy comprendiendo lo que me decía, creo que poseo esa herramienta y a su vez creo que en mí no cuadra el adjetivo de listo, pues nunca he sabido usar esa herramienta de una manera óptima, pero a lo que se refería creo, es que el que obtiene conocimiento y cree que lo sabe todo es un idiota, porque siempre queda algo por aprender, porque siempre hay gente que te enseña, siempre habrá gente más sensata y más inteligente y eso amigos, si es el camino del sabio, el camino humilde del aprendizaje y el que lo obtiene y lo regala a los demás, sabe que siempre cabe una mota más de polvo conocedor, mi abuela por ejemplo, apenas lee o escribe y a mí me ha dado lecciones de vida que aún no las poseo, ni las conozco y quizá no las viviré, al menos no en su dura medida.

También tiene que ver con la madurez, yo me creía lo suficientemente maduro con veinte años, pero encontré a mi pareja y empecé una relación, ahí supe lo que me faltaba por madurar, y cuando evolucioné y me creí ya lo suficientemente maduro me independicé, y otra vez la sombra de la inmadurez me abrazaba, supe que no sabía nada, evolucioné y volví a madurar con el tiempo, ahora me doy cuenta de cuanto camino me queda, de la visión que me dan las primeras canas de mi cabeza y mi barba, de la visión retrospectiva, que con impaciencia espera evolucionar de nuevo, sea con proyectos, con hijos… La naturaleza de mi evolución personal es lo que me arranca de las sábanas de mi cama cada día, lo que me hace leer, escribir, compartir… Y ver a los jóvenes que tienen las mismas ideas que yo a su edad, que se equivocan en lo mismo y que caen en los mismos barrizales, ir hacia ellos, ilustrarlos, y ver como para la próxima, aunque caigan llevarán botas de barro puestas, eso me alegra, los que no están preparados para ello me entristecen enormemente y espero que caigan, para tenderles la mano de nuevo, ese es el camino, eso es ser sabio y realista, yo sigo en esa dirección, quizá algún día con los años me tomen a mí, como yo tomé de aquel sabio, o como tomo de mi abuela cada vez que puedo, las lecciones que no hay en libros, las lecciones más importantes que nos envuelven, las lecciones que nos da la vida.

Espero ser mejor organizador de mi tiempo o por lo menos hacer el esfuerzo, ya que me merece la pena compartir con ustedes mis vivencias, me he propuesto el estar con ustedes, si no cada domingo, uno sí y uno no.

Les espero el domingo que viene con un artículo interesante de nuestra historia, hasta entonces que pasen felices fiestas.

Un abrazo.

 

 

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Aaron Tena Cortés

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