Los peligros de 50 sombras de Grey

Los peligros de 50 sombras de Grey

Ya hace un tiempo que salió a la gran pantalla la película – basada en el Best Seller escrito por la británica E.L. James- 50 sombras de Grey. Desde entonces la polémica se ha extendido en torno a los patrones de relación que se muestran en este film.

Se ha dicho que es una “novela erótica para mujeres”,  ” es para “amas de casa aburridas”… e infinidad de cosas más donde el rol de género, la sexualidad y el respeto se pone de nuevo en evidencia. Pero eso no ha evitado que millones de adolescentes (sobre todo chicas) se hayan pagado la entrada al cine para verla, con toda la curiosidad propia de la edad y, como no, de la buena publicidad que se le ha hecho.

A grosso modo, la historia cuenta la vida de Anastasia Steele, una joven sin ninguna experiencia en el amor – y mucho menos con el sexo- que se enamora de Christian Grey, un joven emprendedor de buena familia, con dinero y unos hábitos sexuales  fundamentados en el sadomasoquismo, una parafilia bastante extendida donde alguien (el sádico) domina e incluso agrede físicamente al sumiso (masoquista), disfrutando ambos tanto de infringir como de recibir dolor. No es una película basada en el concepto romántico de amor, sino en el sexo como acto físico.

Ante todo decir, que una sexualidad sana no tiene que ser para nada convencional, que este tipo de parafilias pueden ser aceptables siempre y cuando la relación sea placentera y voluntaria para ambos. En esto vemos que el protagonista establece un contrato para intentar abarcar este aspecto (lo cual está bien), pero las actitudes que refleja con respecto a la chica son poco deseables: es posesivo, controlador y egoísta, pensando únicamente en si mismo y sus satisfacciones, tratándola con hostilidad en ocasiones. La actitud femenina de la historia tampoco es lo más admirable, pues cede a más de uno de los caprichos de su amante sin desearlo realmente, viéndose perdida por su corta experiencia a la hora de manejar las situaciones que se proponen y sus propios sentimientos.

Las conclusiones que se pueden obtener de la película son muy  diferentes entre una persona con experiencia en relaciones íntimas, que jóvenes que están adquiriendo los patrones de sexualidad, propios y con respecto al género opuesto, iniciando sus primeras relaciones y pegándose los primeros batacazos sentimentales. La adolescencia es un momento muy dinámico, y son esponjas en el manejo de las relaciones sociales, absorbiendo y adquiriendo comportamientos que pueden ser inadecuados o poco igualitarios sino se desarrollan en el ambiente adecuado. Es una edad delicada  en la que se pueden inculcar patrones de conducta y de roles  sexistas que afecten a su vida futura y, ¿ por qué no decirlo?, a su libertad sexual.

La influencia del cine actualmente es enorme, las películas que ven nuestros hijos les van dejando mensajes que ellos interiorizan y valoran de diferentes maneras, y en este último punto influyen tanto la educación en casa como en el colegio. Sugerir el control de las productoras cinematográficas en torno al contenido de las películas tampoco es una solución, pues debe de haber de todo y reflejar diferentes realidades desde diferentes puntos de vista, sin censura.

Por tanto, lo único que está en nuestras manos es educar. Educar en un ambiente de igualdad entre género, de respeto y sensibilidad, de conocimiento y capacidad crítica, de libertad y claridad, tanto en el ámbito de la sexualidad como en cualquier otro. La educación es el arma que se puede dar para evitar que estas influencias se arraiguen en las conductas futuras de nuestra población más joven y estemos más cerca de conseguir una sociedad equilibrada y crítica.

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