Marcus-Daniel Cabada: “El tiempo decidirá la forma y la esencia de mi escritura, no yo”

Marcus-Daniel Cabada: “El tiempo decidirá la forma y la esencia de mi escritura, no yo”

Marcus Daniel Cabada es, a sus veintiún años, uno de los escritores en la vanguardia de la literatura contemporánea más joven. Poeta, narrador, ensayista y perteneciente a la reciente Generación Z, su estilo, según los críticos “singular, inquietante y sublime, ejecutado con una enorme capacidad para el lenguaje”, le ha valido para ganar media decena de premios nacionales e internacionales, como el ‘Charlotte Sabine’ o el ‘Narrador Estratega’ de la ASCHI.

A partir del 12 de febrero -este mismo domingo-, Marcus publicará artículos semanales en los cuales expresará su opinión de la actualidad, publicará ensayos y relatará párrafos que nos llenarán de vida y abrirá los ojos. Hoy entrevistamos a este joven escritor y ya colaborador de nuestra revista para conocer su nuevo proyecto con nosotros y sobre todo, para conocerle más a fondo.

Gracias por concedernos tu tiempo para esta entrevista, Marcus, y sobre todo por tu colaboración con nosotros. Empecemos por el principio: ¿cómo empezaste a escribir y qué relación tienen tus inicios con la crítica y opinión?

 

Gracias a ustedes. Bueno, si me lo permiten me remontaré a una historia algo curiosa y algo nostálgica. No diré que mi relación con la literatura y con la escritura viene de hace poco, porque no sería verdad. Recuerdo que escribí mi primer poema a los ocho años. Claro que entonces uno escribe pensando en lo que lo hace feliz y no tanto en lo que lo abruma, y mucho menos con objeto crítico. Por eso el poema, que aún conservo, trata sobre un perro con capucha (risas). Mi madre me leía fábulas antes de dormir. Ahora sé que la mayoría eran de Esopo, autor clave para comprender la literatura de raigambre didáctico, como la prosa en la España del siglo XIV. Pero fue con quince años cuando comencé a preguntarme por qué escribía, qué era esa extraña figura a la que llamaban “escritor” y, sobre todo, qué era la literatura. Mis primeras obras publicadas, pequeños artículos en revistas y en prensa local, fueron a esa edad. Así que puede decirse que mi primera tentativa de urdir algo propio fue la vía crítica, de opinión, aunque siempre me divertí más cuando tenía cabida la ficción. Luego me desvié hacia la literatura pura gracias al influjo de Borges, pero esa es otra historia. En este extraño mundo de la opinión siempre sopesé la idea de poder ensayar y no tanto articular. Ahora intentaré ahondar en mi raíz para rebautizarme en el artículo literario. Creo que puede ser una parte interesante de mi obra, e incluso dentro de la ficción más pura.

¿A qué te refieres, entonces, con artículos literarios?

 

Bueno, creo que un universo donde todo tiene cabida y, sobre todo, donde el lenguaje no pueda ser descuidado. Se puede tratar la conflictividad común desde un punto de vista literario. Por eso quizá mis artículos se aproximen muchas veces al ensayo y a lo experimental. La ficción nos ayuda a comprender las cosas y a los demás. Y, sobre todo, a nosotros mismos, que es lo más importante.

 

¿Y así es cómo surgió la idea de colaborar con La Séptima Entrevista?

 

Puede decirse que sí. El soporte siempre es importante, por mucho énfasis que se le dé siempre a lo que creo que se le llama erróneamente “contenido” o “tema”. En este aspecto España es una gran mentira. El más defensor es el mayor enemigo, lo vemos cada día. No sólo en el aspecto más vasto, sino empezando por el que tenemos al lado. Toda persona se considera a sí misma defensora y mártir de la cultura pero, en la hora de la acción, el egoísmo del que considerábamos compañero siempre pesa más.

 

¿Ese es hoy el problema de las artes?

 

Claro, o por lo menos el principal. El arte es una forma de bondad y un modo de hacer de la comprensión algo indeterminado. Pero hablaba del error de los soportes al no fomentar ni ofrecer la oportunidad. ¡Y luego ellos mismos se sorprenden al toparse con algún joven subversivo que defiende la cultura! (risas). Todavía suspendemos en aceptación… Y me sorprende la nubosidad de los medios en general. Por eso creí buena idea alejarme un poco de la prensa común, al fin y al cabo del globo ideológico. Creo que La Séptima Entrevista es un buen soporte para desarrollar una opinión de crítica sana, lo cual no es fácil de encontrar. Y de eso tratará Cuaderno Sigma, de tender a la idiosincrasia de la libertad, en todas sus acepciones.

 

Eres poeta, narrador y ensayista, también “futuro filólogo”.

 

Más bien todo eso lo consideran los demás (risas). Yo sólo me considero un buen lector, que, al fin y al cabo, es la materia que más atención y cuidado requiere por mi parte. Pero si hay algo a lo que soy más afín es la poesía. Quien me conoce sabe cuánto, y quien me ha leído, que la mayoría de las veces es también quien me conoce (risas), sabe que si debo ser algo de eso, seré poeta. Y ser narrador no implica no ser poeta. Hay en mis cuentos más pensamiento poético que narrativo, si acaso no son lo mismo. El tiempo decidirá la forma y la esencia de mi escritura, no yo. Respecto a lo de futuro filólogo, es cierto, aunque no me gustan demasiado las premoniciones. Quizá en un año o año y medio…

 

¿Cómo compaginas tus estudios con el día a día de escritor?

 

Yo diría “noche a noche” (risas). La verdad es que creo que estudiar filología hispánica siempre fue una excusa para leer cuanto quiero, y aún así no es suficiente. También doy clases de literatura, así que el tiempo es escaso. Pero tengo la suerte de poder decir que la mayoría de las veces el estudio es lo mismo que el oficio de escritor, y el oficio de escritor lo mismo que el estudio. Desde luego espero no anteponer nunca el escribir al leer. Sería un error por mi parte.

 

Hablando de lectura, ¿qué es lo que sueles leer?

 

Bueno, estoy en esa etapa en la que más que lecturas hago relecturas. Creo que la relectura es uno de los premios más vastos de la literatura. No soy un lector hambriento sino selectivo. Puedo pasarme leyendo un mismo poema semanas, o un cuento, hasta aprendérmelos de memoria.

 

Dinos alguna obra que sepas de memoria.

 

El cuento La casa de Asterión de Borges, por ejemplo. O el poema de Quevedo Amor constante más allá de la muerte. De todas formas, ¿cuánto consideras que es leer mucho?.

Hoy en día…leer un par de libros al mes es leer mucho, o incluso uno.

 

Bueno, entonces quizá sí que lea desproporcionadamente, comparado con ese dato (risas). Pero para este oficio nunca es demasiado. Pienso, por ejemplo, en Las mil y una noches. Es una de mis obras preferidas. He leído ese laberinto circular muchas veces, pero me temo que tardaré toda una vida en hacerlo definitivamente. Por otra parte, de eso trata la felicidad de un lector.

 

¿Qué otras obras/autores relees?

 

Veamos… Pienso en Stevenson, por ejemplo. Siento el mar como una patria misteriosa y profunda gracias a su influjo, además aquí en Pontevedra lo tengo cerca y acudo a él con frecuencia. Pienso en Borges cuando hace de Cervantes, de Quevedo. Cuando satiriza al conceptismo en El Aleph. Y por supuesto pienso en Heine, Rilke, Kafka, Cortázar o T.S. Eliot, sin olvidar a Hesse, Unamuno, Yeats o Poe. Y en clásicos como Virgilio u Ovidio. Pero me es imposible citar a todas mis lecturas definitivas porque necesitaría una vida.

 

El tiempo decidirá, ¿no?

 

Exacto, y seguro que para bien. La lectura es el mayor éxito. Una forma de vida, de revida y de vida futura e hipotética. No hay oficio más épico y honroso que el de lector, aunque se quiera creer que su mérito es relativo y circunstancial. No me gusta quien intenta “hobbyzar” la esencia de la lectura.

Hablemos de tu obra. Hasta ahora has publicado la novela lírica Triste escarlata y unos diez cuentos en Desagravio de la derrota, entre otras cosas. ¿Cuál es tu preferida?

 

Si te digo la verdad, la mayoría los he olvidado, lo que creo que es bueno (risas). Si te tengo que decir cuál es mi mejor obra escrita, te diría alguna que no he publicado por faltarle reposo. Otras obras, mejores que las publicadas, sólo han sido instrumentos para dominar una cosa u otra y así poder arguciar el futuro en conjunto de obras más valiosas. Por lo tanto esas no las publicaré. De las publicadas el cuento Metafísica del fantasma es el que más me gusta. Hace dos semanas terminé mi obra número quince, así que es fácil olvidarme de la mayoría.

 

Dinos, pues, algún título de esas obras perdidas. ¿Hay algo próximo a publicarse?

 

Recuerdo varios poemarios, como Patria de la senda profunda, Teoría de la abstracción o Libro de las horas que se dispersan. Y sí, hay una muy próxima que realmente va a ser una conjunción de todo lo que he ensayado hasta ahora. Como una primera obra, una nueva dirección y apogeo personal y literario. Pero la mejor todavía no se ha escrito. Me queda una vida aquí, espero (risas).

Retomando la senda de la primera pregunta, ¿qué temas tratarás en los artículos que realizarás en La Séptima Entrevista?

 

Bueno, yo creo que la que me oriente será mi actividad literaria. Escribiré sobre lo que me preocupe. Literatura, arte, pensamiento, sin olvidar aquellos aspectos de la actualidad que nos redimen a todos. Lo que tengo claro es que, desde luego, no soy ni seré periodista. Me parece un trabajo muy difícil. Vivo cada día en la ficción, en la lectura. Y creo que eso se notará en Cuaderno Sigma.

Muchas gracias por tu tiempo, Marcus, te leeremos cada domingo a las 10 de la mañana hora española por nuestra revista. ¿Algo que decir a los lectores de La Séptima Entrevista?

 

Debo decir que el rumbo de la literatura también debe ser un rumbo social, no dejemos que la idiotez nos colonice. La lectura siempre nos ha enseñado la evolución. No hay ni habrá nada más importante que lo que nos ha formado y nos seguirá formando como una forma de pensamiento, tanto íntimo como ajeno. Alfonso el Magnánimo lucía una insignia en la batalla que decía “Vir sapiens dominabitur astris” (el hombre sabio es capaz de decidir su propio destino). Ese destino debe ser, como mínimo, la felicidad a la que se refería Borges. Nunca es tarde para levar el ancla.

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Santiago Sánchez

Director de La Séptima Entrevista.

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