Marcus Daniel: “Todo hecho abarcable en la literatura ya ha sido  modelado por las imágenes de lo cotidiano”

Marcus Daniel: “Todo hecho abarcable en la literatura ya ha sido modelado por las imágenes de lo cotidiano”

Tras haber debutado en narrativa con las obras ‘Triste escarlata’ y ‘Desagravio de la derrota’, y habiendo recibido media decena de prestigiosos galardones nacionales e internacionales como el Charlotte Sabine 2014 o el Narrador Estratega de la ASCHI 2016, el autor pontevedrés Marcus Daniel Cabada publica ‘El llano circular’, su primera colección de poemas, de la mano de la editorial itálico-hispana Ediciones Urbina.

Compuesta en endecasílabos y alejandrinos, con directas influencias de los cantares épicos, de Rilke, T.S. Eliot, Rimbaud, Borges o del mismísimo Fray Luis de León, ‘El llano circular’ se posiciona de antemano, según los especialistas, como una de las obras llamadas a renovar la literatura post-contemporánea.

 

En El llano circular recrea una memoria colectiva que ansía, de un modo u otro, la vuelta al origen, a la niñez. ¿Tiene que ver con su primer contacto con la poesía?

Yo creo que sí, aunque nunca se puede hablar de la literatura con una idea preestablecida. Cada obra, incluso cada verso en la historia literaria, forma algo innato. Pero la niñez, cómo no, siempre es el punto de partida. Aprendes a leer, a escribir, a profesar una terrible ansia por comunicarte. Para el escritor y, ya que estamos hablando de poesía, para el poeta, todo ese desarrollo progresivo debe ser olvidado y recordado una y otra vez. La niñez es, en todo caso, el primer contacto que todos tenemos con la poesía. El que escribe no sólo se reúne con la historia, sino consigo mismo. A veces el diálogo es sereno y a veces devastador. Pienso en Fray Luis en el primer caso y en Rilke en el segundo. Grandes maestros.

 

¿Ese es el núcleo que hila las composiciones de la obra? ¿La constante unión y desunión de conceptos ajenos con su propia experiencia de poeta?

El poeta a veces va y a veces viene (risas). No sé qué calidad o cualidad pueden tener mis versos, pero he atado la más mínima sugerencia como si estuviera escribiendo una obra de la literatura medieval que, de vez en cuando, sí logra serlo. Mis versos todavía son anecdóticos, pero no podría ser de otra forma. Me gustan algunos símbolos, algunas cadencias y hechos curiosos, como memorias, reencuentros, intimidades, ansias, obsesiones o pérdidas. Aunque estimo que la obra es en un noventa por ciento una composición ajena. Trato, no sé con qué grado de exactitud, de ser poetas u obras que admiro. En ese sentido me he propuesto traer a la llanura no mi historia personal, sino la historia de lo que me rodea. El llano es una puerta universal, libre y común a todos.

 

¿Así se define como poeta? ¿Un poeta que trabaja lo ajeno?

Me gusta cómo lo ha orientado. Trabajar lo ajeno para quien escribe es esencial. Hablo, claro, de la lectura. Todo buen escritor es antes un buen lector. No me considero un escritor que aporte, en teoría, algo nuevo, aunque tampoco es necesario. Sí soy un lector comprometido, a veces muy analítico, capaz de dirigir cualquier obra hacia la más insólita de las teorías. Me sorprende la todavía vigencia de los textos que se han escrito hace cientos de años. Esa interpretación o reinterpretación es para la literatura su mejor virtud. Mis lecturas más frecuentes se reúnen bajo diferentes ángulos en El llano circular.

 

¿Entonces su mayor estímulo para la creación literaria tiene base en la propia literatura o en su experiencia cotidiana?

Bueno, no creo que haya tanta diferencia entre una cosa y otra. Todo hecho abarcable en la literatura ya ha sido modelado por las imágenes de lo cotidiano. Al componer un verso implicamos otras materias, como el ritmo acentual, la medida, la sonoridad… pero al fin casi podemos asegurar que la lógica nos hace retornar al origen, implicando de nuevo la propia experiencia con ese ritmo acentual, con esa medida, con esa sonoridad… Admiro el modo en que algunos poetas místicos idealizan la literatura y crean nuevos espacios como una parte inherente de su experiencia.

 

¿De qué manera ha intentado manifestar esa parte de la experiencia en su obra?

¿Cómo podemos señalar la capacidad de observación de lo que nos rodea si no es desde un punto de vista retórico? Esa esencia siempre trata de recordarme de dónde procedo, qué me ha formado, de qué manera y cómo. Supongo que los rasgos que predominan en cada uno de nosotros se desplazan de una manera práctica y psicológica al escrito. Cuando decidí comenzar a ensayar el ejercicio de la literatura sabía que no se trataba tanto de tener genio, sino de desarrollar la capacidad que nos ofrecen los sueños, el día a día o los nuestros cuando nos obsequian con una parte inquebrantable de su tiempo.

 

¿Dentro de esa interpretación se establece algún pacto con el lector o es populista hacerse entender?

Creo que son dos cosas distintas y, es más, hasta contradictorias. El pacto es inevitable y esencial, incluso llega a ser un compromiso de amistad. Cuántas veces nos hemos sentido cercanos a Alonso Quijano cuando soñó ser Don Quijote, o a Ulises en su dudoso camino de retorno. En ese sentido, todo contacto, toda cercanía, es la base de la que parte el hecho literario. El punto de unión es la lengua, el trasvase de esas imágenes del escritor al lector y, a veces, el sentido opuesto cuando se trata de interpretación. Ahora bien, el lenguaje no sólo nos aproxima o constata las cosas, sino que también nos dice cómo son. Podemos estar de acuerdo en la morfología de una fruta y, al obtener una imagen de varias, todos sabremos cuál es la manzana. Si preguntamos por qué, podemos coincidir en la forma o, como mucho, en la disposición de sus colores. La cosa se complica al intentar recopilar una idea unificada de su sabor o de la memoria a la que evoca. A Heine le transportaría al hogar, a la patria celeste. Dámaso Alonso la sostendría en su yerta mano como una escultura.

 

Lo que prima es la interpretación.

Exacto. El lenguaje se desplaza de igual manera. La mística y la ascética, partes complementarias de un mismo proceso complejo, precisarán de moldes más sencillos y poca ampulosidad lingüística para trasvasarnos sus bases de un modo sencillo. En el Romancero gitano de Lorca ocurrirá todo lo contrario. La aparente simplicidad de lo tradicional necesitará de una mayor conceptualización para que la sugerencia del poeta revele esa doble cara que envuelve toda caracterización de la realidad. Es más, Lorca será capaz de crear una de gran imaginería de elementos cotidianos símbolos de lo mundano, lo común. Es una relación que nos revela la unicidad de lo de ahí afuera con la literatura. En todo caso, cada escritor responde a una necesidad estética, un convenio consigo mismo en cuyo trayecto ensayará las formas adecuadas para completar el tan complejo camino de escribir.

 

¿Dentro de El llano circular existe una unicidad lírico-narrativa que tiene en cuenta su función de idealizar su contenido?

No tanto de idealizar, pero sí de mostrar que la repetición puede emplearse para la unión de tiempo y espacio en pos de un mismo concepto, el llano y la llanura. Un espacio de reunión, pero también de batalla. En la tierra se reitera todo hecho imaginable, como el hogar de Heine. Pero no me gustaría dar mucha más explicación de ese texto ya ajeno que son mis poemas. Quien lo reviva, sabrá que en su lectura se esconden muchas más cosas, muchos más códigos y lenguajes, que los que en verdad se pueden apreciar. La aventura ya no es mía, sino de cada lector.

 

¿Entonces por qué escribe poesía, y para qué o quién?

Normalmente escribo en memoria de hechos que no me gustaría disolver, aunque el tiempo ponga empeño en diluirlos y que algunos, en efecto, ya se hayan diluido. Memorias de infancia, amistades, juegos, viajes y lecturas. En cuanto a dirigir los textos, no me gustaría escribir para amigos, porque al fin su opinión tenderá a condicionarse por el afecto, pero sí pido algunas opiniones sobre algunos trabajos que me interesan. La idea de llano y llanura surge de una ausencia importante, de donde nace todo. Lo circular puede abarcar el orbe o quedarse en un cuerpo a modo de enfermedad. Es, cuanto menos, todo origen y todo fin de mi poesía. De ahí desembarcará el resto de obras que vendrán, de todo lo que me quede por explorar. Como una dulce condena, a medio camino entre la felicidad y el olvido. A veces los versos también tienen una cara lejana que requiere frecuentar. ¿Por qué escribo? Quizá pueda responderlo dentro de unos cincuenta años. Siempre será algo incierto.

 

El llano circular será presentado en un acto benéfico contra el bullying el próximo viernes 5 de mayo, a las 19:00, en la Biblioteca Pública de Pontevedra. El autor dictará la conferencia “Símbolos y mitologías en el imaginario de la contemporaneidad poética”. Lo acompañará Israel Sanmartín, doctor en historia y profesor titular de la USC, con la ponencia “El llano circular desde una perspectiva histórico-anacrónica”.

 

Marcus Daniel Cabada (Pontevedra, 1995) es autor, en narrativa, de la novela lírica ‘Triste escarlata’ y de la colección de cuentos ‘Desagravio de la derrota’. En verso ha escrito el poemario ‘El llano circular’, obra que reivindica la literatura de raigambre clásica. Ha publicado una treintena de artículos y dispares creaciones literarias en prestigiosas revistas y medios periodísticos, y colaborado en radios y magazines. También ha escrito ensayos, monografías, crónicas y teatro. Desde febrero de 2017 posee su propia sección dominical ‘Cuaderno Sigma’, donde publica sus investigaciones sobre literatura, arte, sociología, filosofía o actualidad. Es estudiante de filología hispánica, de la que se especializa en ciencia y teoría literaria, en la rama de Retórica y Poética, y también imparte clases de lengua y literatura españolas en un centro. Su obra ha sido galardona-da por media decena de premios nacionales e internacionales, entre los que destacan el Jóvenes Promesas de las Letras 2013, el Charlotte Sabine de Novela Experimental 2014 o el Narrador Estratega de la ASCHI 2016. Es considerado uno de los principales representantes de la Generación Z y uno de los escritores más completos de la literatura post-contemporánea.

‘El llano circular’. La poesía de Marcus Daniel Cabada (1995), de considerable preocupación metafísica, construye uno de los mayores universos de la literatura contemporánea. Su profundización en la pluralidad de aspectos que conforman y moldean al hombre como una unidad incorpórea, ajena a su condición de caminante, es el resultado de la contemplación precisa de sus propiedades más inciertas.

Compuestos mayormente en endecasílabos y alejandrinos, los versos de El llano circular diluyen al lector en la búsqueda de una senda de contradicciones veneradas, utopías que convergen con lo absoluto, batallas atemporales, historias soñadas o cantos a la más honda incertidumbre: la memoria en el tiempo.

El poeta, que alterna el lenguaje lírico con el narrativo como un juego, establece una reivindicación simultánea de la literatura mística y épica. En contraposición a la marcada tradición de esta última, la poética cabadiense sitúa la figura de la mujer como principal hacedora y motivo del verso; es bajo su imagen, a modo de guía y mandato, donde comienza la única vía para comprender todo misterio derivado en la creación de la llanura. En ese espacio “circular, hermético e impredecible” proliferan y se conservan, como en la geometría euclídea, todos los puntos consecutivos e intermedios al conocimiento.

La abundante imprenta simbólica y la construcción rigorosa y reflexiva convierten al autor en un poeta complejo pero vital, y a la obra en uno de los más grandes exponentes de la literatura lírico-narrativa contemporánea.

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Santiago Sánchez

Director de La Séptima Entrevista.

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