No me olvides

No me olvides

Por favor, no me olvides.

Recuerdo cuando bailaba, mis pies se movían solos sin avisar, no importaba qué música sonara, sin pensarlo movía las caderas de un lado para otro mientras la gente me miraba (algo que me encantaba).

Recuerdo cuando di mi primer beso, lo rápido que me latía el corazón, la forma en la que me sudaban las palmas de las manos y cómo temblaban mis dedos, sin saber donde ponerlos.

Recuerdo que me encantaba colorear, daba igual el qué: me gustaba colorear dibujos, colorearme las mejillas, colorear mis uñas, colorear mi pelo de todos los colores… Amaba colorearme los labios, y sentirme guapa, sexy, con fuerza.

Recuerdo las cálidas noches de verano de verbena en verbena, bebiendo cerveza y vino, comiendo algodón de azúcar y montando en la noria.

Recuerdo el frío del invierno, y lo a gusto que estaba en casa delante de la chimenea leyendo un libro, bebiendo chocolate caliente, jugando con mis hermanos pequeños y mayores, hablando con mi familia… Recuerdo a mi madre junto al fuego tejiendo, a mi padre asando castañas, y a nuestro perro acurrucado en su manta.

Recuerdo el nacimiento de mi primer hijo, y de todos los que con mucho amor vinieron. Recuerdo sus risas, sus llantos, sus abrazos y besos, mis disgustos, mis temores e inseguridades, mi eterno cariño hacia ellos, sus enfermedades y mis noches en vela.

Recuerdo lo muy duro que he trabajado a lo largo de los años, la falta de sueño y el esfuerzo por ver a mi familia feliz y segura. Recuerdo las jornadas interminables, las horas extras, el dolor de espalda, de cabeza, de manos y el agotamiento.

Recuerdo lo mucho que me gustaba comer con toda mi familia junta alrededor de la misma mesa en navidad, en los cumpleaños y en todas las celebraciones, momentos que deseaba fueran eternos, que nunca terminaran.

Recuerdo mis primeras arrugas, mis primeros cabellos blancos, la falta de vista y la falta de oída. Recuerdo el primer día que usé bastón, y las primeras veces que me costaba seguir jugando con mis nietos; aunque por ellos podía seguir imaginando que estaba en un país de fantasías.

Aun cuando casi no recuerdo nada, recuerdo que he tenido una vida maravillosa junto a todos vosotros y vosotras, y que es por vosotros y vosotras por quienes he seguido viviendo, luchando, sonriendo y mejorando.

Por favor, no me olvides, no olvides los buenos momentos vividos junto a mí, y aunque parezca que no soy la misma persona que antes, no te olvides de mí.

Os quiere,
La Abuela.

Es el momento de reflexionar, de reflexionar qué estamos haciendo cada uno de nosotros por nuestras personas mayores.

 

A todas aquellas personas mayores y su valor, con todo el deseo de que nunca les falte una mano que las acaricie, unos brazos que las abracen y unos labios que las besen. Pero, sobre todo, personas que no las olviden en el final de sus vidas.

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Aida Carretón Alfonso

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