Quince sueños de Agosto

Quince sueños de Agosto

Lo mejor de los sueños es hacer nuestra su naturaleza:

 

Sacar esto de mi alma tarea muy ardua, pues cautiva está en mi cabeza.

Recuerdo a una musa, no la más bella, ni la más aguda.

Recuerdo su sonrisa, como me embelesó y se apoderó de mi entereza.

Su mirada era cautiva, llena de todo, pura, sincera, segura.

 

En mis sueños ella es pasional, capaz de traer a bien seguro una guerra.

Visceral como la vida, cariñosa, tierna, pues también sabe de paz.

Sus rizos morenos invaden mi piel, fondean, como el mar a la tierra.

Con mi barba juegan a ser uno, yo lo soy con ella, y si no, ya no soy capaz.

 

A capa y espada cerco, las injurias de terceros ya no volverán.

Con alma gallarda e ingenio vital, yo ahora os digo.

Que el tiempo y la razón no hablan, pero a los brutos callarán.

No tengo miedo, pues el verbo y mi musa son ahora mi abrigo.

 

Pues no entiendo la vida con ella, pero sin ella menos aún.

De ella aprendo con su mirada, sus caricias, sus besos.

Como logra en mí, que soy nada pudiente, hacerme brillar cual betún.

Me incendia, me enaltece, hace que estemos ligados a todo, cual presos.

 

Después de quince días del octavo mes y de hacer a la luna testigo.

Nos besamos, hasta no sentir los labios, hasta que la luna ruborizase.

No hay mañana, no hay fin, todo empieza en mi boca y acaba consigo.

Quizá sabía que era aquella, a la que prometí besar cuando la amase.

 

Que no recordar, de aquel quince de agosto de promesas eternas.

De la luna llena jurando de testigo, frente a miles de estrellas.

Que no recordar de un cielo celoso, del brillo de sus miradas tiernas.

Que no recordar de la noche que cogí sus manos y me perdí en ellas.

 

Hoy soy capitán de sus cabellos rizados y almirante de su piel clara.

Creo seguir soñando, dormir despierto, en este corazón ya conquistado.

No hay otra, mi mundo gira en torno a ella y esto parece que no para.

Como podría parar o cambiar, como vender este corazón ya amarrado.

 

Me desperté la otra noche, seguía abrazándome, arropaba con su cabello.

Como no desear morir, si pudiese volver a nacer contigo me dije.

Como no saltar a volar sin alas, solo tu mano, y venceré al miedo.

Dormir y despertar a tu lado, nada tiene sentido en mí si ella no lo rige.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Aarón Tena Cortés

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